Trude Sojka, sobreviviente de los campos de concentración
El holocausto vuelve hoy a la memoria del mundo
Enero 27, 2006
QUITO
Hoy 27 de enero se recuerda el Día internacional en memoria de las víctimas del Holocausto.
Me calmó. La pintura me calmó desde el principio. fue muy doloroso. me calmó porque tenía que concentrarme.
Esa frase repite constantemente, a sus 96 años, Trude Sojka, quien sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz y llegó al Ecuador en 1946.
Si el fin de la guerra la rescató del cautiverio, el arte la rescató de su propia memoria. Y hoy solo quiere recordar que el oficio de pintora le permitió sobrellevar su dolor. Lo demás, prefiere olvidarlo.
Apenas alguna referencia: "Sí, se hablaba sobre arte allá". Ese allá llamado Auschwitz, donde funcionaron cuatro campos de concentración de la Alemania nazi, en cuyo régimen murieron seis millones de personas.
Para conocer algo más es necesario acudir al libro de Rodrigo Villacís: Las dos vidas de Trude Sojka, en el que se reconstruyen la vida y las influencias y etapas estéticas de la artista.
Allí está el relato de la noche en que soldados del régimen de Adolfo Hitler se llevaron a la familia de Trude, a ella y su esposo, al campo de concentración. Las impresiones allí vividas, el hijo perdido, los actos desesperados frente al hambre y el sufrimiento.
¿Qué quedó de todo aquello en su obra?
Desvía su mirada y asiente: "Quedaron imágenes, colores".
Su pintura, trabajada en una técnica inédita que mezcló cemento con acrílicos para labrar verdaderos altorrelieves, presenta escenas abigarradas, sin intersticios ni remansos, con profusión de colores intensos, sombríos o cálidos; y movimiento.
Cuerpos en actitudes intensas de recogimiento, de danza o contorsionándose en el espacio. Líneas, bloques de color que circulan.
Es posible encontrar en su plástica la conjunción de sus visiones del mundo de acá y todo lo que quedó de sus años europeos, con influencias del expresionismo alemán.
Sojka nació en 1909 en Berlín -nos lo recuerda a cada momento, como si Berlín fuese el más vivo recuerdo- y pasó los primeros años entre esa ciudad y Praga.
Estudió cerámica en Berlín y se casó con Dezider Schwartz, de quien pierde todo rastro cuando los dos ingresan en el campo. Al año, Trude saldrá ayudada por los aliados, solo para constatar que estaba sola. Recuerda su llegada al Ecuador y la emoción del encuentro con su hermano Walter.
El año último de Europa, su casa desolada, su madre, su esposo y su hermana desaparecidos en los campos, el año de trabajo para pagar el pasaje de barco, porque su hermano y el único ser que le quedaba y que había emigrado al Ecuador la buscó por Europa a través de la Cruz Roja.
Desde entonces, no ha vuelto a Europa, no quiere volver, le causa demasiada tristeza. "Cómo regresar si ya no está mi familia".
Solamente en sus cuadros están presentes algunas figuras del recuerdo, los puentes que evocan Praga.
Y después, su "segunda vida", la sorpresa y el rechazo a su dedicación al arte, en un país como el Ecuador, donde "me mandaban a cada momento a la cocina". Su amistad con Oswaldo Guayasamín, a quien intentó inútilmente introducir en la cerámica, "pero él tenía las manos muy duras". La influencia de la simbología geométrica precolombina. Las anécdotas: el escándalo que armaron "porque lo veían por la calle a mi hermano Walter andando con una rubia al brazo, esa era yo.".
Su matrimonio con Hanz Steinitz, quien también estuvo en un campo de concentración y llegó al país porque una algodonera lo contrató para facilitar su huida de Alemania.
Y la pobreza. Parecería que su sensibilidad frente a la pobreza respondiera a aquella desarrollada en su cautiverio. "La pintura me calmó", repite. Y sonríe. A su alrededor, decenas de sus cuadros. Algunas esculturas construidas, a veces, con materiales reciclados. Un busto ocre en el jardín, al que le han arropado madreselvas y rosas.