La casa de Trude Sojka se abrió para el arte y por el Holocausto
4/26/2009
Redacción Cultura
Trude Sojka sobrevivió al Holocausto. En 1946 salió del campo de concentración de Auschwitz y llegó a Ecuador. La artista checa estudió en Berlín en la Academia de Bellas Artes. Sus primeras obras realizadas en Quito retratan las vivencias durante el nazismo.
Ahora se las puede ver en la Casa Cultural Trude Sojka, inaugurada por sus hijas el 12 de marzo. La casa, donde la artista vivió durante más de 50 años, está en La Floresta, en la Toledo y Coruña.
El jardín está en reparación. Un hombre va de un lado a otro con escobas y herramientas.
Después de cruzar una entrada adornada con plantas y flores, se llega a la sala Del Holocausto a la Paz Universal. En las paredes hay paneles explicativos sobre el Holocausto y los genocidios que el mundo ha presenciado.
Hacia la izquierda, un poema está impreso sobre un tablero. Fue escrito por Eva Schulzova, una niña que murió a los 12 años, en el campamento de Auschwitz.
Fue ilustrado por Eva Brunnerova, quien tuvo el mismo destino, a sus 9 años. Pero en la casa no solo hay tristeza, también hay recuerdos de vida, con el legado artístico de Sojka, quien se dedicó a la pintura y a la escultura.
La planta baja y el segundo piso, en distintas salas, acogen algunas de sus obras. Actualmente están expuestas cuatro series. Primero están las obras realizadas después del Holocausto. En una segunda etapa se evidencia el interés de Sojka por la cultura andina. En sus obras representa figuras y elementos precolombinos.
La tercera serie refleja rasgos del romanticismo alemán. Finalmente, los sueños de la artista y su familia son recogidos en los cuadros de la cuarta serie, que incluye obras pintadas en sus últimos años de vida.
Sojka halló otros materiales para sus pinturas. Trabajó sus cuadros con cemento, estructuras de hierro, madera, vidrio, materiales de desecho y altorrelieves. Materiales duros para obras coloridas.
Pero no solo se dedicó a la pintura, que llega a una colección de alrededor de 200 cuadros. Sus hijas aún no terminan de contar las esculturas. Según Ana Steinitz, una de ellas, fue la escultura la principal actividad artística de su madre. Para ello utilizaba como base motores de automóviles, además de otros
desechos.
En este centro cultural se dictan talleres de música para niños, jóvenes y adultos. La sala de lectura Hans Steinitz, en memoria del esposo de Sojka y padre de sus tres hijas, ofrece libros en alemán, inglés, francés, español y checo.
Las salas y el jardín de la casa cultural exhiben las esculturas de Sojka. Una de ellas es un barco con velas ocres moviéndose al viento. Esta figura, según Steinitz, representa el amor que su madre tenía por el mar, por la libertad.