Estación de la Libertad
Diego Palacios
Tras ser liberada del campo de exterminio nazi Auschwitz, la artista checa Trude Sojka vino al Ecuador. Su casa convertida en museo muestra el dolor transformado en arte.
En casi un siglo de vida, Trude Sojka nunca dio a sus familiares un relato pormenorizado del año que sobrevivió en el campo de concentración de Auschwitz, Polonia, durante el holocausto judío. Como si fueran cortos de una película de terror, a veces contaba entre lágrimas pequeñas historias de su pasado doloroso como cuando en medio del cautiverio dio a luz a una niña que llamó Gabriela y luego murió; o cuando agotada por el hambre comió el pedazo de un pan dejado por una mujer que falleció con tifoidea.
Fue liberada por los rusos el 27 de enero de 1945. Por medio de un anuncio de la Cruz Roja se enteró que su hermano Walter Sojka, un reconocido ingeniero químico, estaba en Ecuador, adonde viajó y rehizo su vida.
Lo curioso de esta triste historia es que Trude Sojka desfogó todo el dolor de haber perdido a su esposo, hija, madre, hermana, sobrino y cuñado en manos de los nazis, a través de la pintura y la escultura que hoy se muestran, una parte, en su casa del sector de La Floresta.
La Casa Museo tiene 250 obras, entre pinturas y esculturas. “Otras piezas están en Estados Unidos, Francia y Alemania”, explica Ana Steinitz, hija de la pintora.
Su última voluntad La artista murió hace dos años pero su última voluntad fue que su vivienda y su obra queden para Ecuador, especialmente Quito, por ser uno de los pocos países que abrieron sus puertas a las víctimas del genocidio.
“Esta casa no sólo está dedicada al arte exclusivamente sino a la paz”, comenta Steinitz.
Graduada en la Escuela de Bellas Artes de Berlín y con una exitosa exposición en el Maerkisches Museum de Berlín, esta artista inventó una técnica en la que utilizaba cemento, estructuras de hierro, madera, vidrio, materiales de desecho y color para dar movimiento, textura y alto relieve a sus obras.
La Sala Del Holocausto a la Paz Universal tiene varios paneles: uno rinde homenaje a los ex presidentes Galo Plaza Lasso y José María Velasco Ibarra.
También a Manuel Adrián Navarro, José Antonio Correa, Neptalí Ponce Miranda, José Rafael Bustamante y Manuel Antonio Muñoz Borrero, quienes ayudaron a los judíos. Otro muestra cómo fue la Estación de Terezín, un campo de concentración en Praga, capital de la República Checa. En el panel del Holocausto –Shoá– se exhiben los recibos envejecidos de maletas de judíos que un día fueron trasladados de Alemania y Austria para ser ejecutados. “No queremos que sea sólo un recordatorio del holocausto sino de todos los genocidios en el mundo”, aclara Ana Steinitz.
En la sala principal llama la atención un retrato en gran formato de Trude Sojka, cuando tenía 87 años. Luce el pelo cano ondulado y su rostro es cándido. Colgados en la pared hay acrílicos en cemento sobre madera que realizó en 1948. Son cuadros tristes, donde puede verse personas rezando; otras pinturas dejan ver alambres de púas y mujeres en procesión, situaciones que vivieron las víctimas en el campo de concentración.
La Sala Del Holocausto a la Paz Universal tiene varios paneles: uno rinde homenaje a los ex presidentes Galo Plaza Lasso y José María Velasco Ibarra.
También a Manuel Adrián Navarro, José Antonio Correa, Neptalí Ponce Miranda, José Rafael Bustamante y Manuel Antonio Muñoz Borrero, quienes ayudaron a los judíos. Otro muestra cómo fue la Estación de Terezín, un campo de concentración en Praga, capital de la República Checa. En el panel del Holocausto –Shoá– se exhiben los recibos envejecidos de maletas de judíos que un día fueron trasladados de Alemania y Austria para ser ejecutados. “No queremos que sea sólo un recordatorio del holocausto sino de todos los genocidios en el mundo”, aclara Ana Steinitz.
En la sala principal llama la atención un retrato en gran formato de Trude Sojka, cuando tenía 87 años. Luce el pelo cano ondulado y su rostro es cándido. Colgados en la pared hay acrílicos en cemento sobre madera que realizó en 1948. Son cuadros tristes, donde puede verse personas rezando; otras pinturas dejan ver alambres de púas y mujeres en procesión, situaciones que vivieron las víctimas en el campo de concentración.
También están otras obras que hizo casi al final de su vida como la del Cuento de las mariposas amarillas que simboliza la paz y la serenidad por la que atravesaba su vida.
Estas piezas tienen más colorido y son alegres. “Se acordaba de su familia y los juegos de su niñez”. La escultura Abrazo simboliza su reconciliación con la vida.
Sojka, un pájaro azul En la planta alta hay obras expresionistas: figurativos y abstractos. Son obras que expresan sus sentimientos a través de la forma y el color. También está en gran formato el Puente Carlos de Praga, uno de los lugares favoritos de Trude Sojka. Otra sala dedicada a las esculturas exhibe varios tipos de pájaros, las aves predilectas de la artista.
Por ejemplo el Ave Fénix que renació de las cenizas. No en vano Sojka en checo significa pájaro azul.
Destaca la escultura de un barco que, según su hija, le recordaba su travesía por el océano hasta llegar a Ecuador, donde fue libre. “Todas las pinturas y esculturas tienen relación con lo que vivió”, comenta.
La cultura popular ecuatoriana sedujo a Trude y eso está impreso en algunos acrílicos inspirados en el arte indígena y pre colombino como el danzante, el inca, el carnaval indígena, los petroglifos.
El Centro Cultural se complementa con un Cine Club, una sala de lectura o biblioteca, donde hay aproximadamente 2000 libros en español, inglés, francés, alemán y checo. Son textos familiares de arte, historia nacional y mundial, filosofía, diccionarios, enciclopedias y narrativa. También realizan talleres de dibujo. La Casa Museo cuenta con El Café Praga, donde ofrecen a sus visitantes pasteles con recetas hechas por Trude Sojka.
El objetivo de este centro es perennizar la obra, la vida y la memoria de la escultora europea pero también promocionar a artistas nacionales con exposiciones temporales, organizar talleres y sobre todo que sea un lugar de encuentro de quienes viven en La Floresta.
Por todo lo que encierra el Centro Cultural Trude Sojka en cuanto a historia, arte y cultura, la organización The Freedom Center nombró a este espacio como Estación de la Libertad.
Casa Cultural
Trude Sojka
Casa Cultural
Trude Sojka
Galería Trude Stojka Foto: Revista Vistazo
Ana Steinitz en la Galería Foto: Revista Vistazo
xxx Foto: Revista Vistazo
xxx Foto: Revista Vistazo
Mujer en Azul Foto: Revista Vistazo
Gimnasia Rítmica y la Danza Foto: Revista Vistazo
xxx Foto: Revista Vistazo
xxx Foto: Revista Vistazo